La Ascensión del Señor Jesucristo a los cielos.
 "Subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre". Estas palabras del credo cristiano significan que Jesucristo, después
de cumplir el plan salvador del Padre, llevado al culmen en su muerte y resurrección, es glorificado. "Recupera" el "lugar" que
le corresponde -y que había "camuflado" al hacerse hombre-, pero ahora también con su humanidad.
Y aquí está la certeza y la esperanza: Nosotros le seguiremos, tras la muerte, en ese camino de victoria y de alegría eternas.
Mientras tanto, pedimos que, desde el Padre, nos envíe su Espíritu Santo.

O podemos rezar este precioso himno, dirigido directamente al Espíritu:
 Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido;
 luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
 gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro;
 mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
 doma el espíritu indómito,  guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos,  por tu bondad y gracia, dale al esfuerzo su mérito;
 salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.


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